Ante el nuevo Cluetrain Manifesto, ¿estamos preparados para el reto Internet?

Hace 15 años Doc Searls y David Weinberger publicaban su Cluetrain Manifesto, 95 tesis que mostraban su capacidad de visión y dibujaban lo que pocos años después sería el presente de Internet. Esas tesis supusieron la base del entorno 2.0 y nos mostraron un nuevo mercado en el que las empresas tendrían que competir de un modo totalmente diferente al que estaban acostumbradas.

En estos años Internet ha evolucionado, así que Searls y Weinberger han revisado su Manifesto y nos han regalado 121 nuevas tesis. Mi impresión es que esta vez han puesto más el foco en el usuario de a pie, sin olvidar a gobiernos, anunciantes y gigantes de Internet. Un post no da para repasar todas las tesis, así que voy a centrarme en los aspectos que más me han llamado la atención.

El primer grupo de tesis nos recuerda que la tecnología no es Internet, las operadoras no son sus dueñas, como tampoco los son las empresas, redes sociales, o gobiernos. Somos los usuarios quienes construimos Internet. La red es nuestra, hecha por nosotros y para nosotros. Hacen bien en recordárnoslo porque con tantas restricciones, cesiones y políticas abusivas lo habíamos olvidado.

Las tesis del 16 al 32 van dirigidas a quienes consideran su contenido como el ombligo del mundo. Nos recuerdan que el valor del contenido que nos cruzamos estriba en que todos dejamos en él nuestro toque humano. Ojo a eso de cada link creado por una persona que tiene algo que decir es un acto de generosidad y altruismo que invita al lector a abandonar nuestra página para ver lo que les parece el mundo a los demás.  Esto suena a colleja, ¿Sí o no? Eh, chaval, tu contenido no es la pera, es una lanzadera para que el lector siga ampliando sus horizontes. Ahí queda eso.

Los autores nos hacen notar que a veces la conversación se nos va de las manos y el odio y la intolerancia campan a sus anchas. Tienen razón. Así que nos recuerdan que la Red es un lugar común, en el que cada uno puede ser quien es y compartirlo con otros en tolerancia. Eso es una Internet abierta.

Pero, cuidado, que también hay un toque importante para las empresas que extraen nuestros datos para explotarlos, se empeñan en “personalizarlo” todo o nos cuelan anuncios como si fueran noticias. Los autores se revelan contra estas prácticas y proponen que seamos los usuarios quienes digamos a las empresas para qué estamos en un mercado cuando queramos. Insisten que lo personal es humano, lo personalizado no y exigen a los anunciantes que identifiquen claramente la publicidad. Pues sí, estaría bien.

Por otra parte, no ven con buenos ojos la proliferación de Apps porque no nos permiten conectar y seguir creando juntos. Es genial eso de “cada nueva página hace la web más grande. Cada nuevo link enriquece la web. Cada nueva app nos da algo que hacer en el autobús”. Lo han clavado.

Otro aspecto de las nuevas tesis que merece un aplauso es la advertencia de que debemos vigilar de cerca de los gigantes de Internet para recordarles los valores que las inspiraron y que el beneficio de la red estriba en las personas que la usan. Claro, que quizá necesitemos cierto apoyo de los legisladores, ¿no?

La privacidad es el gran tema que cierra las tesis. Los autores hacen hincapié en dos asuntos delicados: la recopilación de datos personales por parte de los gobiernos en aras de la seguridad y las abusivas políticas de privacidad de las empresas de Internet. En el primero de los casos, los autores destacan que estamos sometidos a un trato que no es justo porque no sabemos cómo, ni en contra de quién se va a usar esa información. En el segundo nos advierten de que “la Web es todavía una joven adolescente, luego estamos en los inicios del debate de la privacidad y entenderemos el significado de la esfera privada cuando entendamos el significado de la esfera social. Es un concepto que estamos reinventando”.

En resumen, las nuevas tesis, más que vaticinar, observan, señalan y advierten. De nosotros depende lo que hagamos con Internet en el futuro. ¿Qué os parecen?

Author: Carmen Figueiras